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Javier López Llovet

CEO de Argentina y Latinoamérica

Exportación y bibliodiversidad en la industria editorial argentina

La industria editorial argentina ha sido históricamente una industria exportadora. En el año 2010 exportaba 20 millones de dólares al año; sin embargo, en el pasado año 2016 apenas alcanzó los 10 millones de dólares.

A partir de la apertura de la economía en enero de 2016, todos pensamos que regresaríamos rápidamente a la senda del crecimiento, pero no ha sido así. Las dificultades se han debido en concreto a dos limitaciones. La primera está relacionada con el contenido, esto es, que nuestro mercado disponga de libros que interesen a otros mercados; y la segunda, con el precio de los libros argentinos; necesitamos precios atractivos en el momento de su venta en el país de destino.

En cuanto a la primera limitación, los títulos, debemos tener en cuenta que Argentina siempre se ha caracterizado por su riqueza de contenidos. Estamos bien posicionados en temas de ficción y no ficción, pero también en temas técnicos, como libros jurídicos, de filosofía, etc. Sin embargo, desde hace un tiempo los países de Latinoamérica, y Argentina también, han comenzado a revalorizar los contenidos locales; es decir, el lector de ficción en Colombia, Perú, México, etc., valora mucho a los escritores locales y quiere leerlos, y el libro internacional lo sufre. Por otra parte, los libros de no ficción, como el ensayo periodístico o político, de fuerte impronta en nuestro país, y de temáticas muy locales sobre asuntos de corrupción, denuncia, etc., no tienen el mismo atractivo para otros mercados.

En términos de precios, no digo nada nuevo si comento que los costos locales que empiezan por el papel, la impresión, etc., no pueden trasladarse a mercados latinoamericanos (con precios más bajos) debido a su realidad económica local. No obstante, para muchos editores argentinos la necesidad de bajar los precios de exportación se ha hecho inviable económicamente, por lo que prefieren no exportar. Aquí también podríamos incluir las dificultades que hoy existen para utilizar a Argentina como planta impresora de producciones de otros países, sobre todo Uruguay y Chile, que antes producían sus libros a nivel local por los precios y la calidad del producto argentino. Hoy esto no está ocurriendo.

Y todo esto nos lleva a otro punto, la bibliodiversidad, que también deberíamos encarar desde dos perspectivas: por un lado, la que crea el editor local en cada país —grande, mediano o pequeño (aquí no hay diferencia)— cuando produce un libro de autor local o internacional. Por otro lado, se da también esta bibliodiversidad cuando los libreros importan material de otros países directamente para sus librerías con la idea de completar la oferta temática que sus lectores les piden y que varía mucho de una librería a otra o incluso de un barrio a otro. Una librería que pretende especializarse en psicología, por ejemplo, sabe que la edición local de su país no agota las expectativas de sus lectores y compradores, y por eso bucea en catálogos de todo el mundo con la intención de conseguir los libros que interesan a esos lectores y así fidelizarlos. Aquí el precio no siempre es una barrera, pues ese lector está dispuesto a pagar un plus por esa «joya» que el librero pone en sus manos y que de otra manera no conseguiría. Entra entonces en juego de manera fundamental el formato ebook, que facilita enormemente esta compra y que pone a disposición del lector millones de libros de todo el mundo con un solo clic.

Un aspecto que cabe destacar es el crecimiento sostenido de los mercados en Latinoamérica. Con excepción de Venezuela, cuyos problemas son evidentes, mercados como los de Costa Rica, Guatemala o Panamá han crecido en los últimos años más allá de los países tradicionales que todos conocemos.

Creo que el desarrollo futuro de los mercados vendrá impulsado por el desarrollo de la venta online no solo del libro digital (ebook) sino también del libro físico, que en Latinoamérica hoy apenas es incipiente. Bien sabemos que en los mercados maduros el 50% de los libros que se venden se hacen de manera online, lo cual supone un cambio total en el ecosistema de libros en Latinoamérica, al que habrá que adaptarse rápidamente.

Publicado 21/10/17